En la calle de Pujades, a dos manzanas del parque del Clot, un solar de unos cuatrocientos metros cuadrados llevaba más de cinco años sin uso. Cercado con una valla oxidada y cubierto de maleza, era un punto ciego en un barrio que en la última década ha ganado espacios verdes, ciclovías y vida de calle. Ahora, ese terreno alberga el Huerto del Pujades: un proyecto vecinal que combina horticultura urbana, talleres abiertos y un acuerdo temporal con el propietario del solar.
Hemos visitado el huerto en dos jornadas de plantación, hablado con los impulsores del proyecto y consultado el convenio firmado con la propiedad. Esta es la historia de cómo un grupo de vecinos convirtió un descampado en espacio vivo.
Cómo empezó todo
La idea nació en el verano de 2024, durante una asamblea del Casal del Poblenou. Un grupo de residentes de la calle Pujades y alrededores se quejó del estado del solar: basura acumulada, ratas y un aspecto de abandono que contrastaba con la transformación del resto del barrio. «No pedíamos un parque grande ni un edificio nuevo», explica Montse, una de las vecinas que lideró la iniciativa. «Pedíamos que alguien hiciera algo con ese terreno mientras esperábamos a saber qué se construiría».
Contactaron con el propietario — una promotora inmobiliaria que tiene el solar en cartera desde 2019 — y le propusieron un uso temporal como huerto comunitario. Tras varios meses de negociación, en marzo de 2026 firmaron un convenio de cesión gratuita por dos años, renovable si el terreno sigue sin destino edificatorio.
Organización y participación
El huerto se organiza en parcelas de unos diez metros cuadrados, asignadas por sorteo entre las familias y personas que se inscribieron. Hay una lista de espera de unas veinticinco personas. Cada parcela tiene un responsable que se compromete a mantenerla y a participar en las jornadas de limpieza mensuales.
Además de las parcelas individuales, hay una zona común con hierbas aromáticas, un compostador compartido y un pequeño invernadero construido con materiales reciclados. Los sábados por la mañana se organizan talleres abiertos: poda, compostaje, siembra de temporada. La asistencia media ronda las quince personas.
Primeras cosechas y retos
A principios de junio, las primeras lechugas y rábanos ya están listos para recolectar. Los tomates cherry tardarán unas semanas más. «No esperamos alimentar al barrio entero», reconoce en broma Pau, otro de los impulsores. «Pero sí demostrar que se puede hacer algo útil con un solar que estaba muerto».
Los retos no faltan. El suministro de agua depende de una manguera conectada al grifo de un edificio colindante, con permiso del vecino. El Ayuntamiento de Barcelona ha facilitado tierra y herramientas a través del programa de huertos urbanos, pero no cubre el seguro de responsabilidad civil, que los vecinos han contratado entre todos con una aportación de veinte euros por familia.
Reacciones del barrio
La respuesta del Poblenou ha sido mayoritariamente positiva. El comercio de la calle Pujades ha notado más tráfico peatonal los sábados. La panadería de la esquina ha empezado a dejar cajas de madera para que los vecinos las reutilicen como contenedores de cultivo.
También hay voces críticas. Algunos residentes de edificios colindantes se quejan del ruido de las jornadas de trabajo y de la falta de privacidad en sus balcones bajos. La asociación de vecinos ha mediado y ha acordado con los hortelanos limitar las actividades ruidosas a la franja de diez a catorce horas los sábados.
¿Y después?
El convenio con la promotora tiene una duración de dos años. Si el solar se destina finalmente a construcción, el huerto deberá desmantelarse con al menos tres meses de antelación. Los vecinos ya están explorando otras ubicaciones posibles en el distrito de Sant Martí, por si el proyecto tiene que mudarse.
Mientras tanto, el Huerto del Pujades funciona como ejemplo de lo que puede lograr un barrio cuando se organiza. Para más contexto sobre la transformación del Poblenou, consulta nuestro reportaje sobre la nueva línea de bus nocturno que conecta el barrio con el Eixample de madrugada.